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26.10.2010

Con la mística intacta

Cardenales le ganó un gran partido a Huirapuca en Concepción por 14 a 13 y aprovechó el empate de Tucumán Rugby en Córdoba para pasar a la próxima fase del Torneo del Interior.

Fue un verdadero desahogo. El canto institucional para expresar la alegría del cardenal, el bulldog, fue cantado con ganas, con fuerza, con esa fuerza que venía desde adentro y que, seguramente, era lo poco que le quedaba a los jugadores de Cardenales que dieron todo en la cancha del Parque de la Joven Argentina para llevarse un ajustado y un merecido triunfo por 14 a 13.
Huirapuca tuvo en los pies de Ezequiel Faralle la posibilidad de quedarse con la victoria pero no era la tarde del justiciero Chuky. Ya había marrado un par de penales factibles y el último disparo, la conversión a los palos del agónico try de Macario Villaluenga, quedó corto.
La tarde en la Perla del Sur había comenzado temprano. Uno de los entrenadores de los gauchos del sur, Fernando Molina, abrió las puertas de su casa y nos convidó un generoso asado, junto con los amigos y colegas de Scrum 5, Diego Esper y Manuel "Lito" Cardozo.
Una previa donde se habló de todo, rugby por sobre todas las cosas y la proyección, inevitable, sobre el partido a jugarse. La gente de Huirapuca recordaba que este año ante los purpurados les había ido muy bien.
Sin embargo el partido no salió como lo esperabana. Aunque el local abrió el marcador con un try de Faralle que se escapó de la marca y asentó rápidamente, Cardenales pasó a ser protagonista del encuentro después de ese comienzo adverso. Desplegó su estrategia ante las formaciones que le dieron buenos réditos como el line y el scrum, que los ganó con solvencia y desde allí intentó hacerle daño al local. Pero al menos, en el primer tiempo, no fue eficaz. Sólo la efectividad hacia los palos de Juan Pablo Rodríguez le dio la mínima ventaja en el parcial: 6 a 5.
En el segundo tiempo, no varió el juego. Cardenales seguía siendo superior en las formaciones fijas y jugó mucho más tiempo en el terreno local. Recién logró concretar esa superioridad al promediar el segundo tiempo, cuando ingresó tras empujar un scrum a cinco metros del in-goal.
Pero en los últimos 10 minutos se vio lo mejor de Huirapuca que salió a atacar de todos lados, con el orgullo herido, para ver si podía dar vuelta el resultado. Entonces se vio un partido intenso, jugado al límite por ambos equipos de mucho ritmo, con muchas fases y el local concretó tras una corrida de Macario Villaluenga, con apenas un par de minutos por jugarse. El partido, a punto de escucharse la chicharra, se ponía 14 a 13 a favor de Cardenales. Pero faltaba la conversión de Faralle.
Ya lo dijimos. No fue. Y los dos minutos restates se jugaron con mayor hasta que el pitazo del árbitro Fernando Martorell le dio por ganado el partido a Cardenales que comenzó a festejar mucho antes de enterarse que pasaba a semifinales y que se encuentaba entre los ocho mejores equipos del país.
Se habían sacado la espina de Huirapuca y lo festejaban con el canto que inventó uno de los fundadores del club, el bulldog.
Que ese canto los llene de mística en el viaje a Santa Fe para enfrentar a Duendes y también allí suene fuerte, para auyentar los fantasmas que podrían alejarlos de una final.

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